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Viajé en un sueño

Dormido, es fácil viajar en un sueño. Despierto, no. No es algo si quiera “coherente” de considerar.

Yo viajé en uno, despierto, lo hice sin darme cuenta, claro, hasta que lo entendí una semana después de haberlo hecho. Mi sueño comenzó al recibir una llamada en la cual me dijeron “Te vamos a cumplir tu sueño” en referencia al correo que le había enviado a la organización Hacedores de Sueños al haber sabido de ellos en un programa de televisión donde la licenciada Liliam me atrapó al decir: ¿A dónde se debe ir cuando quieres cumplir un sueño? Era su voz quien me había informado sobre su decisión de cumplir mi sueño de publicar uno de mis 4 libros, lo que podría marcar el inicio de mi carrera como escritor. Al escucharlo, me tumbé en el piso de baldosas claras de la sala de mi casa, vi el cuadro que le pinté a mi madre, nuestra pequeña biblioteca y por el resto de la llamada cerré mis ojos. Solo escuchaba y respondía atentamente, acordando que debía ir a Caracas a una entrevista personal. Al término, luego de dar las gracias no sé cuantas veces, mis ojos se humedecieron, tanto esfuerzo, tantas noches, tanto trabajo… Por fin. Pero no dejé salir mis lágrimas, las tengo guardadas para bautizar mi libro con una de ellas. Les escribí a mis dos amigas más cercanas, a quienes les gusta mi libro, les dije: “es hora”. Cómo hubiera estado en una especie de situación de embarazo, con mis libros al acecho esperando la oportunidad de salir a la luz pública. Su emoción fue equivalente a la mía, al menos eso dijeron. A continuación les informé a mis familiares, para ellos no era gran cosa ¿Quién puede creer que hay una organización que se dedica a cumplir sueños? ¿Quién cree que hay una organización que trabaja haciendo feliz a las personas sin intención monetaria? ¿A quién no le preocuparía que fuera a Caracas solo y sin conocer a las personas con quienes me iba a ver? Todo tenía sentido para que me dijeran lo más lógico que podían expresarme: “No puedes ir a Caracas” “No puedes confiar en ellos” “No puedes dejarte llevar por lo que deseas”. Aquí vino el lio: ¿Voy o no voy? ¿Será verdad? ¿Existirá gente haga eso de cumplir sueños? Y surgieron dos corrientes:

-O desconfío y no voy, y espero unos diez años más a que se de otra oportunidad, habiendo desperdiciado una posibilidad real.

-O creo en la humanidad. En la humanidad de los humanos.

Y pues, no creer que la humanidad de los humanos aún existe sería cómo echarse a morir, esperar sin esperanza, tenerle miedo a al mundo. Reuní mi dinero, y aproveche que mi madre iría un martes 4 de Agosto al aeropuerto de Maiquetía. Pero ella seguía firme en no querer que fuera, y yo seguía firme en seguir mi sueño y le dije “O voy contigo de ida y me vengo solo, o voy solo y me vengo solo porque de que voy, voy”

Llegó el día. Mi madre seguía algo preocupada y me hacía todo tipo de preguntas ¿Conoces a la señora? ¿Has hablado con ella? ¿La has visto? ¿Sabes a dónde vas? A todo le decía que sí porque yo también había tomado mis precauciones. Entonces preparé mi morral, me monté en mi sueño y emprendí mi viaje. No pudimos dormir en el camino porque los asientos eran incómodos y porque el chofer para no dormirse colocó un remix de salsa a un volumen incómodo. Llegamos a Caracas y ubiqué la dirección en “google maps” (Es algo brillante) dejé a mi madre en la terminal de autobuses que se dirigen a Maiquetía a las 5:55 AM exactamente. Ella partió hacia otro viaje, yo me quedé en mi destino, ahí debajo del puente de donde parten los buses esperando a que aclarara para salir a caminar hasta que se hicieran las 10:00 AM, la hora de mi entrevista. Salí de debajo del puente de la Avenida Bolívar a eso de las 6:40 AM. Caracas tiene un olor poder, un olor a magnificencia, y por esa razón, caminé por sus calles con todo el respeto que merece su historia. Estuve andando observando con cuidado los rostros, los detalles de las casas, los cerros, el Avila, la afluencia de automóviles, los pordioseros que aprendieron a vivir con su suerte regando el césped de las plazas y algunos árboles, los perros de los pordioseros que jugaban felices por todos lados, muchachos y muchachas bien vestidas paseando a sus perros finos, los aún existentes lugares habitados por personas en situación de calle, uno de ellos fue un callejón donde estaba una pareja acostados en un cartón arropados por una cobija casi transparente, la mujer me miró, creo que pudo reconocer que yo no era de ese lugar, su mirada fija y madrugada me sensibilizó. Y un sinfín de detalles que le daban a mi viaje un toque hermoso e inolvidable. El resto de la mañana fui a comer empanadas en un local dónde podía sentarme, un señor mayor me pidió que le comprara una empanada y creo que no se lo creía cuando le di el dinero. Me senté en una silla del año 53 a que un señor llamado Miguel limpiara mis botas. Conversamos un rato. Visité la galería de arte en una bonita construcción llamada Museo de Bellas Artes, hasta que llegó la hora de mi entrevista. Tuve una cómoda y bonita recepción, hablamos gratamente alrededor de una hora. Conocí a dos mujeres que de verdad trabajan en cumplirle sueños a las personas y ayudarlos a que conquisten su felicidad. Les obsequié uno de mis 10 libros fabricados y después de toda esta aventura puedo decir que es cierto, existe una organización llamada Hacedores de Sueños que se dedicada a buscar sueño qué cumplir, existe la humanidad de los humanos.

Enrique Jesús Torres Abreu